LOS NOMBRES DE LOS HURACANES
A todo el mundo le ha llamado la atención el nombre con que los huracanes
son denominados.
Incontables bromas han surgido cuando el nombre coincide
con el de alguna
esposa, marido o conocido cuya personalidad se pueda asociar
a un huracán.
Pero no siempre han llevado nombres de personas comunes. La religiosidad
de los primeros
navegantes asociaba los descubrimientos y acontecimientos
importantes con
el santoral de la Iglesia Católica correspondiente a esa fecha.
También los
huracanes recibieron ese trato. El problema fue que muchos
huracanes
ocurrían en la misma fecha de distintos años, por lo que se iban
acumulando varios
San Felipe, Vicente, Roque, etc.
Los primeros registros
de utilización de nombres femeninos para los huracanes provienen del meteorólogo
australiano Clement Wragge, de comienzos del siglo XIX. En 1941 se
publicó el libro "Storm", que también nombres femeninos para este
fin, probablemente influyó en los meteorólogos estadounidenses
para, en 1951, retomar dicha costumbre, ordenándolos además
por orden alfabético.
ELECCIÓN
DE LOS NOMBRES DE LOS HURACANES:
Oficialmente, el Servicio Nacional de Meteorología de los
EE.UU. comenzó en
1953 a usar el
mencionado sistema, al que en 1978 se le agregan nombres
masculinos
alternados con los femeninos para denominar a los huracanes del
Pacífico Norte.
Al año siguiente esta costumbre es también adoptada por los
países que
bordean el Atlántico Norte.
En la actualidad existen seis listas de nombres de mujeres y hombres manejadas por la Organización Mundial de Meteorología para ser usados alternadamente en orden alfabético. Cada lista se usa un año, de modo que al séptimo se repite, pero se excluye el nombre del huracán que causó muertes o daños importantes, reemplazándolo por otro que comience por la misma letra. Así se han retirado Andrews, Hugo, Opal, Roxanne, etc.